Chorreo de leche acecho

11.02.2018

Después de la comida del domingo las mujeres decidieron ir a tomar café al pueblo, lógicamente para dejarnos solos con ellos. Hubo un momento de silencio e indecisión, sonrisas discretas. Toni miro a Mario y gesticulo con las manos simulando unas grandes tetas. Siempre les habían gustado y alguna vez sé que intentaron algo con ella. Le hice caso y deje la sala. Estaban todos todavía confusos, tener en cuenta que éramos amigos de toda la vida, y desde muy jóvenes conocían a mi primera novia, luego mujer y ahora madre de mis hijos.

Ella sonrió nerviosa no esperaba ese atrevimiento de repente. Hubiera salido corriendo en ese momento, pero opto por desabrochar el corchete y lanzar el sostén la aire, y libero el melonar, dos magníficos ejemplares de enormes pechos de mujer madura colgaban ante la mirada estupefacta de los presentes.

Toni no perdió un segundo y las sopesó con una tímida sobada inicial. Eran una auténticos melonazos, abundante tejido mamario, un volumen imposible de abarcar con una mano, caídas efecto de la edad y los embarazos, pero el tamaño compensaba su falta de consistencia juvenil. De pezón pequeño arrugado y puntiagudo. Lo malo era la barriga con buenos michelines que le restaba atractivo, pero le daba el morbo que tienen las maduras rellenitas y tetonas.

Teresa se puso de espaldas y le restregó el culo en su paquete, a Toni le encanto, miro a sus amigos sonrió con una rara muesca dominante y les hizo un gesto de satisfacción apretando las manos en signo de que iba a abarcar una gran masa de carne.

Goyo se acercó y Toni le dejo libre una teta. Ambos se miraron, sonrieron. Al principio le costó, tener un par de miembros para ella, no era habitual. Comenzó a ganar intensidad en la felación mientras al otro lo masturbaba con la mano. A ella le costó levantarse, tenía las rodillas entumecidas y su exceso de peso se hizo notar, casi se cae y los chicos la ayudaron a ponerse en pie, no si volver a sobarle las tetas a cada oportunidad, incluso al ayudarla a levantarse, casi sin dejarla respirar, aprovechando cada minuto.

De manera agobiante, a cada momento querían sobarla, ella se zafo por unos segundos con un gesto despectivo. Bajo la cabeza para que la punta del pene llegara a su boca después de atravesar el canal de sus senos. La lamio como pudo. No había terminado de decir la frase cuando noto que le agarraba la cabeza y un chorro de leche le entro directa a la boca.

Ella se levantó de golpe. Goyo se reía a carcajadas, los dos amigos se sonrieron viendo como ella escupía el semen y buscaba algo con que limpiarse. Me acerque temiendo que hubiera ocurrido algo. Iba todavía con los jeans y cuando salió se tapó con los brazos las tetas frente a mí. Cruce la mirada con Toni, sonrió y se sacudió el pene, me sentí burlado por mis propios amigos que iban a dar cuenta de mi mujer con consentimiento. La había regalado como PUTA. Me dieron ganas de cortarlo todo, de entrar gritando, pero baje la cabeza y me largue.

Ella al regresar se sorprendió de ver a los dos chicos desnudos, inmediatamente dejó de ocultar sus pechos y los volvió a desplegar delante de ellos. Las manos de Mario fueron directas a los senos, todavía no las había acariciado y jugueteo con ellos. Hubo un aplauso general cuando se dio la vuelta e inclino la espalda y puso el culo en pompa Goyo que ya se había puesto los pantalones satisfecho por su corrida se acercó a sobarlo. Noto de pronto que alguien jugueteaba son su entrepierna, se estremeció.

Ahora era ella la que gemía. A Goyo le excitaron los insultos, se acercó a ella y participo con una larga retahíla: Los chicos reían al ver a Goyo tan centrado en la vejación, pero a ella le daba igual, si quiera lo escuchaba, y Mario le comía el coño despacio, mientras le metía un dedito, disfrutaba con frenesí del momento, estaba muy excitada, pero había algo que la hacía resistirse, como si no quisiera disfrutar.

Pero estaba muy cachonda. Goyo le acerco una toalla para limpiarse y aprovecho de nuevo para manosearle los pechos. Al abrir los ojos solo recordó ver unos segundos la erecta polla de Mario, no se esperaba lo que el marido de una de sus amigas, tan formal y buen padre de familia le iba a hacer. Toni también le dio unas buenas palmadas en el culo. Volvió a darle de nuevo, varias palmadas pero en el fulgor se le ocurrió acariciarle el ano y meterle el dedo. Ella intento girarse al notarlo.

Goyo que manipulaba las tetas, evito que se volviera y la forzó mantener su posición de perrita. Y le masajeo el ano despacio hasta introducirle el dedo con suavidad. Estaba totalmente ocupada por los tres hombres, nunca había vivido algo así: Ella solo podía gemir. Ella le ofreció los melones con ambas manos y dejo su carga de leche sobre ellas.

Las lleno de una leche espesa y abundante, tras lanzar un largo suspiro de desahogo. Poco después entre yo, todavía se estaban vistiendo en un silencio absoluto. Teresa en topless buscaba su sujetador. Me pareció muy atractiva y suelta. Toni se acercó a mí y me susurro. No hacía falta esto, solo queríamos que te centraras en el negocio, no tenemos prisa en que nos devuelvas el dinero. No te enfades cuando ella te cuente lo que pasó. Por eso me entere de cada detalle y he de reconocer que me sentí mal por dejar que se la follaran; sé que fue por mi culpa y no puedo reprochar nada.

Y me he convertido en un extorsionador y chantajista. Hoy me han ingresado otros Amistades y tetas parejamorbosa15 [ Orgías ]. Vamos a daros algo ahora para que consideren lo que van a hacer, antes de hacerlo. No es necesario dijo Goyo muy digno.

Si, hablamos en serio. Juan llevara el tiempo. Contigo y con cuatro mas Que machote Juan, vete, en cuanto salgas por la puerta pon el cronometro. Me ordeno ella en tono seguro, como una señora. A estos solo se le ocurren cosas guarras.

Lo decidimos así entre los dos. Es una forma de que se mantengan calladitos. Y nada de follar, ya se les ha dicho. Siempre que no se hagan los brutos Ok nada de follar, si yo sé lo que quiero dijo Toni. No te los has pensado. Siempre te he dicho que me encantan. Pero si nunca las has visto. Eso lo vamos a solucionar hoy. Qué vergüenza Venga no te cortes Eso, tetas fuera, vamos. Pude oír al coro gritar, después unos aplausos.

Son grandísimas Tu mujer también las tiene grandes. Ni la mitad que esas. Siempre pensé que tendrías los pezones grandes. Vaya tetas tiene la vieja.

La mía no tiene casi. Teresa la mujer de Juan, crees que deberíamos hacer esto, mira Toni como le mete mano. Toda la vida mirando esas tetazas y ahora poder tenerlas, si es solo un rato.

Que suerte ha tenido el cabron de Juan. Pero ahora estoy gorda. Dale caña, hasta el fondo. Añadió Toni que como un perro liberado su instinto explotaba sus recursos, con mano derecha la ubre, con mano izquierda el culo, el paquete bien restregado contra sus muslos y su boca lamiendo el cuello. Que ricas Es como una cereza. Me estoy poniendo muy burro. Como una peli porno. Dijo Toni entre carcajadas sin dejar de lamer el pezón. Has dicho 15 minutos, da tiempo a poca acción. Y yo quiero una buena cubana.

Pero que empiece chupando. Que se nos va el tiempo. Dijo Toni con iniciativa mientras la forzaba a agacharse a la altura de la polla. Ponte de rodillas y ves chupando una y otra. Como en las pelis. Sin pasarse, no hay porque insultar dijo ella mientras se arrodillaba dejando a ambas pollas a la altura de sus ojos. Imagina que es una peli porno. Que pesado con la peli porno, le increpo Teresa. No siempre vas a tener un par de pollas como estas a tu disposición.

Se miraban con lujuria, bromeaban, sonreían, como si él no estuviera presente. Notó la impaciencia de ambos por volver a follar y se deshicieron de él cuando Samuel le acompañó de nuevo hasta el dormitorio. Un rato después les vio en la piscina divirtiéndose como si fueran novios, él con un slip blanco y ella con su pícaro bikini naranja.

Tarde o temprano, Rebeca le pediría el divorcio, no aguantaría mucho a su lado. Seguro que van a echar otro polvo, pensó desfallecido, corroído por la envidia. Eran casi las seis de la tarde. Samuel se metió la mano dentro del slip para refregarse los genitales. Samuel la admiró mientras se bajaba el slip para quedarse desnudo. Se adivinaba la forma gigantesca de sus pechos, apretujados contra la tela, y la sombra triangular del chocho. Había acertado, parecía una puta, su puta, la madre de su mejor amigo.

Rebeca se arrodilló entre sus piernas, la sujetó y comenzó a zarandearla con lentitud, con la mano derecha, utilizando la izquierda para sobarle los huevos y los muslos de las piernas. Samuel permanecía pendiente a la televisión y ni siquiera la miraba. Aquel joven le gustaba, aunque la trataba como a una puta barata. Reconoció para sí misma que resultaba humillante, estaba perdiendo su dignidad por culpa de una enfermiza obsesión sexual.

Rebeca, nerviosa, cesó la masturbación. Cuando irrumpió en su dormitorio, Agustín se estaba quitando la bata. Se quedó desnudo, salvo por el calzoncillo. Se disponía a echarse en la cama. Al verla, se frotó los ojos con el dorso de la mano, como queriendo eliminar el rastro de sus celos.

Se sentó en el borde de la cama sacudiendo la cabeza, acomplejado, acribillado por un sentimiento penoso. La miró, vestida de puta, con aquel camisón rojo donde se transparentaban sus encantos. Estaba sentada a la izquierda de su marido. Se ladeó hacia él y metió la mano izquierda por el lateral del calzoncillo sacando un pene delgado y corto y unos huevos pequeños salpicados de vello canoso.

La sujetó y comenzó a sacudírsela para intentar endurecerla. Agustín miraba al frente mientras su mujer se la meneaba, perplejo por lo que le estaba sucediendo. El joven también se masturbaba muy cerca de ellos, Agustín podía sentir algunas salpicaduras de babilla que se desprendían del glande. Quería hacerle partícipe de aquella repugnante relación. Rebeca alternaba la mirada entre su amante y la pollita de su marido, agobiada profundamente por el cariz que estaba tomando su lascivia.

Roberto quería darle una sorpresa a su madre y por eso no la había telefoneado. Tenía unas pruebas en la universidad y había decidido volver a casa para prepararse tranquilamente los temas. Pasaría toda la semana encerrado en su habitación hincando los codos, tenía que aprobar como quiera que fuese. También pensaba contarle que tenía novia, Eva, una chica muy guapa con la que llevaba saliendo casi dos meses.

Entró en la casa y sólo encontró silencio. Se asomó a la consulta y la vio vacía. Se extrañó ante aquellos hechos. Se asomó al pasillo y vio la luz encendida en el cuarto de su padre. Caminó despacio y se detuvo de repente, cuando oyó la voz de su amigo Samuel dirigiéndose a su padre.

Un escalofrío le aceleró el corazón y un sudor repentino se apoderó de todo su cuerpo. Muy despacio, llegó hasta la puerta y se asomó cautelosamente. La escena que descubrió fue denigrante. Vio a su amigo de pie frente a sus padres, desnudo, sacudiéndose la verga muy cerca de sus caras. Su padre permanecía como entumecido, pendiente de la masturbación de su amigo. Se fijó en el camisón rojo, en las transparencias, pudo distinguir la enormidad de sus tetas, dos gigantescos melones que colgaban tras la gasa abarcando todo su vientre.

Primero salpicó a Agustín, diversas gotas se esparcieron por toda su cara. Luego apuntó hacia ella y los chorros cayeron en la delantera del camisón y el cuello. Samuel sujetó a Rebeca del brazo y la obligó a levantarse. La giró con brusquedad contra su marido. Ella se inclinó y apoyó las manos en los hombros de Agustín, con el rostro muy cerca de su frente y sus tetas rozando la cara de su esposo.

Roberto, anonadado, sin capacidad de reacción, fue testigo de cómo su amigo Samuel levantaba el camisón hasta la cintura y exponía el ancho y jugoso culo de su madre. Le abrió la raja con rudeza. Los esfínteres del ano se contraían. Pudo ver la raja del chocho de su madre en la entrepierna, un chocho carnoso y peludo.

Vio que su amigo acercaba la polla y pegaba el glande al ano. Apretó con fuerza y se la fue metiendo con lentitud hasta el fondo. Su madre elevó la cabeza al notar de nuevo cómo le ensanchaba el culo y soltó un largo bufido. Las tetas de su madre chocaban contra el rostro de su padre y los gemidos retumbaban en la habitación. Roberto notó su polla tiesa, tuvo que tocarse para sofocar el gusto, aquella escena de sometimiento donde su madre resultaba ser la protagonista, calentaron su sangre.

Cuando su madre se irguió, el camisón bajó, aunque las transparencias permitían ver la raja del culo. Vio a su amigo recogiendo el slip.

Su verga impregnada de semen se balanceaba hacia los lados. Roberto no tenía valor para enfrentarse a aquella escena, para intervenir en tan denigrante situación, y con el mismo sigilo abandonó la casa. Ahora veía a su madre de otra manera, con otros ojos.

Era una mujer muy guapa y elegante, estaba buena, y, por los achaques de su padre, seguramente insatisfecha. Paró en el arcén de una carretera solitaria y allí mismo se masturbó reviviendo la escena donde su mejor amigo follaba a su madre por el culo. Samuel abandonó la habitación y dejó a solas el matrimonio. Vio que se pasaba el dorso de la mano por las mejillas para secarse el rastro del semen.

Perdía a la mujer de su vida, había sido vejado por ella y su amante. Le palpitaban las sienes, los celos recorrían sus entrañas como un terrorífico escalofrío. A ella se le notó el nerviosismo por su voz temblorosa, como si la hubiese pillado desprevenida, y quedaron que un taxi le acercaría a casa. Llegó sobre las nueve de la noche. Samuel ya se había marchado. Tras los pertinentes saludos, donde trató de fingir su alegría, recorrieron el pasillo para ver a su padre.

Durante el corto trayecto, se fijó en el culo de su madre, en cómo lo contoneaba, un culo para explorar, grande y ancho.

Tampoco se había fijado tan suciamente en las exageradas tetas de su madre, se movían lujuriosamente tras la camiseta acrecentando el ardor de su pene. A su padre le encontró deprimido, tras la experiencia vivida y en la que él había sido testigo, podía hacerse una idea del sufrimiento que se cuajaba en sus entrañas.

Su madre dijo que iba a ducharse. La vio salir de su cuarto cubierta por una toalla en dirección al lavabo, con unas prendas íntimas en las manos. La siguió, quería verla, explorar con sus ojos aquel cuerpo maduro y delicioso. Sabía que nunca cerraba la puerta, siempre existió mucha confianza entre ellos y nunca se cortaron en andar en ropa interior por la casa.

Pero ahora la miraba con otros ojos. Muy despacio, miró por la ranura que había dejado. La vio despojarse de la toalla, ofreciendo sin saberlo sus encantos a los ojos de su hijo. La vio de espalda, poseía un enorme culo, de caderas muy curvadas y nalgas abombadas y carnosas, así como una raja profunda y oscura. Al inclinarse para abrir el grifo, se le abrió la raja y apareció su ano, enrojecido por la salvaje penetración de la que había sido víctima.

Se mantuvo bastante tiempo inclinada, lo suficiente para que su hijo comenzara a masturbarse con la imagen. Se incorporó y se colocó de perfil para sentarse a mear. Se metió en la bañera y corrió las cortinas, pero su hijo terminó de masturbarse con la silueta. Estaba enloqueciendo, su madre se había convertido en una puta que follaba con su amigo delante de su padre y él se masturbaba con las escenas. Los malos pensamientos le asediaban, las fantasías abordaban su mente como piratas que asaltan un barco.

Cómo envidiaba a su amigo. Ni siquiera pensaba en Eva, la preciosa chica con la que estaba saliendo. Fantaseaba con su madre. Debía recuperar la serenidad y contener sus impulsos como espiarla para verla desnuda. Pero deseaba que llegara el día siguiente, que llegara su amigo y la follara vilmente, y que él estuviera allí para presenciarlo. Estaba merodeando por la terraza, con la verga erguida bajo el pantalón, bebiendo sorbos sin parar, cuando sonó el móvil de su madre. Se sentó cerca de la puerta, como simulando que tomaba el fresco con la copa.

Su madre apareció de manera incitante, sólo cubierta por un kimono de gasa transparente. Pudo ver sus braguitas negras de satén y el vello vaginal que escapaba por la tira superior y los laterales. Pudo ver el sujetador a juego, cubriendo las jugosas tetas que abarcaban gran parte de su tórax. Descolgó el móvil y habló a modo de susurro.

Roberto trató de oír la conversación. Colgó y soltó el móvil para dirigirse hacia la terraza. Su hijo la vio venir con el camisón abierto. Estaba buenísima con su madurez.

Cómo le botaban las tetas en cada zancada. Se detuvo muy cerca de la hamaca donde él se encontraba. Roberto tenía sus bragas a escasos centímetros de su boca. La devoró con la mirada cuando la vio cruzar el salón en dirección al pasillo. Le habían entrado ganas de decirle si se hubiera podido acostar con ella para que no durmiera sola, pero logró contener sus incuriosos impulsos.

Un haz de luz se iluminó a unos metros de él. Precedía de una de las habitaciones donde su madre dormiría. Incitado por el morbo, encendió un cigarrillo y caminó despacio por el césped. Hacía calor y efectivamente, había abierto la ventana y había corrido la cortina para que entrara aire fresco.

Lo retiró descubriendo sus tetas balanceantes, sus aureolas y sus erectos pezones oscuros. Se había quedado en bragas.

Se mantuvo pensativa frente a un espejo que había frente a ella. Roberto no se podía creer lo que veían sus ojos. Muy lentamente, fue metiéndose la mano derecha dentro de las bragas para tocarse. Se fijó en cómo los nudillos se removían tensando la tela. Su madre iba a masturbarse. Estaba cachonda, caliente como una perra. Roberto se sacó su polla y comenzó a sacudírsela, fulminando con los ojos aquella escena. Se refregaba el chocho moviendo la mano en círculos, a veces el lateral de la prenda se abría y distinguía toda la zona velluda.

Con la izquierda se agarraba los pezones, se apretaba la masa blanda, se las acariciaba con rabia. Abría y cerraba las piernas, hasta que se detuvo emitiendo un jadeo ahogado. Descansó unos segundos hasta que dejó de tocarse. Al verla levantarse, Roberto descubrió que la delantera de las bragas había quedado ladeada y había dejado medio chocho a la vista.

Eyaculó en ese momento sobre el césped. Su madre se tumbó en la cama y apagó la luz. Regresó a la hamaca y se tiró dos horas rememorando cada instante, cada encanto del cuerpo de su madre. Cuando Roberto se levantó muy cerca de las nueve encontró a su madre en la cocina preparando el café. Su arrebatadora elegancia le hechizó. Iba muy acicalada, con un traje muy atractivo, de color blanco, compuesto por una americana sin nada debajo, sólo abotonada en la parte central, lo que dejaba sus pechos muy sueltos y el canal demasiado a la vista, y una minifalda muy ceñida que precisaba el abombamiento de su culo y la curvatura de sus caderas.

Llevaba unos zapatos de tacón negro, que junto con sus cabellos destacaban sobre la blancura del traje. Llevaba medias blancas transparentes, que le otorgaban un erotismo especial. Se besaron en las mejillas y tomaron café comentando algunas cosas de la universidad. A Roberto se le iban los ojos hacia las piernas de su madre.

Diez minutos después de las nueve, se presentó Samuel. Los dos amigos se dieron un abrazo enfervorizado y comentaron algunas cosas. Tanto su madre como su amante simulaban naturalidad, manteniendo las distancias, como si no pasara nada entre ellos. Roberto se vio abordado por un vendaval de celos.

Su amigo se la estaba follando y él sólo podía conformarse con mirar. Quería verles de nuevo, ver a su madre humillada por su mejor amigo. Y allí dejó a la pareja de amantes, seguro que aprovecharían para morrearse y magrearse.

Se les notaba en sus caras las ganas de tocarse. Su presencia interrumpía aquella sucia pasión. Roberto se dirigió a su cuarto para fingir su disposición a estudiar. Antes de cerrar la puerta, comprobó que Samuel iba hacia la habitación de su padre y su madre hacia la consulta. No querían arriesgar, y eso que él había tratado de allanarles el terreno. Samuel irrumpió con cierta inquietud en el cuarto de Agustín.

Le encontró con el rostro aliquebrado, víctima de un desconsuelo deshonroso. Se sintió abochornado al ver al amante de su mujer. Levantó la cabeza sin mirarle directamente a los ojos. Le dejó sumido en una profunda depresión. Samuel sabía que nunca lograría superarla. Roberto, quien permanecía al acecho de los movimientos de su amigo, le vio pasar en dirección a la consulta. Ya iba a la caza de su madre, iba a echarle un buen polvo.

Le vio entrar y cerrar la puerta tras de sí. Era el momento, se habían quedado encerrados a solas.

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